El brote de ébola en África central es peor de lo que parecía hace 24 horas. Las autoridades congoleñas han reportado ya 91 fallecidos probablemente debidos a esta nueva epidemia, y lo más alarmante de hoy es que el virus ya no está contenido en una sola zona: ha llegado a las grandes ciudades.
El salto que lo cambia todo
Un caso confirmado apareció en Goma, la ciudad del este del Congo controlada por los rebeldes del M23, una zona de enorme tránsito humano. Eso significa que el virus ya circula en entornos urbanos de alta densidad, lo que multiplica exponencialmente el riesgo de contagio.
Los números de hoy
La OMS registra ocho casos confirmados en laboratorio, 80 muertes sospechosas y 246 infecciones sospechosas, aunque los expertos advierten que estas cifras subestiman la realidad. La tasa de positividad de las muestras analizadas es muy alta, lo que sugiere que muchos casos pasan desapercibidos.
Sin vacuna. Sin tratamiento. Sin red.
La profesora Amanda Rojek, del Instituto de Ciencias Pandémicas de la Universidad de Oxford, advirtió que «Bundibugyo cuenta con menos contramedidas probadas que el virus del Ébola de Zaire, donde las vacunas han sido muy eficaces para controlar los brotes». En otras palabras: las herramientas que frenaron brotes anteriores aquí no sirven.
Los sanitarios, en el frente sin protección
Los primeros convoyes de suministros médicos de la OMS llegaron hoy a Bunia, la zona más afectada. En este momento se están tratando activamente 59 pacientes, mientras se instalan los centros de tratamiento de emergencia. Al menos cuatro trabajadores sanitarios han muerto ya.
El riesgo de expansión regional
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África están coordinando con Sudán del Sur para supervisar la actividad transfronteriza. Uganda ya tiene casos confirmados. Africa CDC considera que el riesgo de propagación a los países de África Oriental fronterizos con el Congo es «alto».
¿Qué puede pasar ahora?
La OMS mantiene que no es una pandemia y que no hay que cerrar fronteras. Pero el patrón de expansión —de zona rural a ciudad, de un país a otro— recuerda demasiado a los primeros compases de brotes anteriores que el mundo tardó en tomarse en serio.
91 muertos, sin vacuna, y el virus ya está en las ciudades.
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